Muchos humanos tenemos la prepotencia de decir, hasta
mañana, nos vemos luego, lo hago luego, para eso habrá tiempo… Todas las
anteriores afirmaciones y muchas otras sinónimas de dejar para luego algún
evento que tenemos pendiente, tenemos que tener claro que no necesariamente
pueden llegar a suceder. No por no querer hacerlas, sino por el hecho de que no
sabemos que nos tiene reservado el destino para el siguiente segundo que nos
aguarda.
El día de ayer 15 de abril de 2013, pudimos ver casi en vivo
y de una forma espeluznante como personas inocentes eran víctimas de
terroristas sanguinarios que pusieron explosivos en el recorrido de la maratón
de Boston. Este tipo de actos son imperdonables.
El dolor que hoy al amanecer sentí en mi alma al pensar cómo
se sentirán los amigos y familiares de las víctimas mortales y heridos en ese atroz
incidente, me pone a pensar lo pobres que son algunas mentes que con una soberbia
infundada toman el destino de vidas que nos les pertenecen y trauman a millones
de personas, creyéndose estos engendros de mal entes superiores al resto de la
humanidad.
Yo crecí en un pueblo llamado San Isidro del General y de niño recuerdo una historia de
un camionero de mi pueblo que cada vez que salía de la casa se despedía de sus
padres como si fuera la última vez que los iba a poder ver, con un abrazo
cariñoso y honesto y dándoles palabras de agradecimiento por todo lo que habían
ayudado en su vida.
Ciertamente este camionero entendió lo que a muchos les
cuesta entender, lo cual es que cualquier momento de nuestras vidas, puede que
sea el último que tengamos para disfrutarla y hay que agradecer por consiguiente
cualquier momento que tengamos con nuestros seres queridos, disfrutando de
ellos y haciéndoles saber nuestros sentimientos hacia ellos.
Hoy nace un sol rojo, pues ayer lamentablemente se derramo sangre
inocente con nuestros hermanos en Boston, USA. Mi más sentido pésame a los
perjudicados y ruego a Dios para que le de humildad y entendimiento fraterno a
tantas personas que lo necesitan.